La autoestima también puede conceptualizarse como la relación que existe entre el yo ideal y el yo real. El yo real es un concepto que incluye las cualidades, características y habilidades que el niño percibe como reales de si mismo, mientras que el yo ideal es la imagen interna que tiene el niño a cerca de como le gustaría ser. Si el yo real se encuentra muy lejos del yo ideal, el niño sentirá que le falta mucho para lograr ser lo que quisiera ser, lo cual generará sentimientos de inadecuación y una autoestima baja.
El desarrollo del autoconcepto pasa por diferentes etapas, una primera más idealista, durante la infancia temprana (3-6 años de edad), en la cual el niño y la niña se centran más en sí mismos; es decir, no se comparan con los otros, no evalúan el alcance de sus potencialidades y se adjudican características que probablemente desean o admiran.
A los tres años de edad, un niño se define por sus características personales, usualmente positivas y exageradas. Por ejemplo: “soy el más grande y el más fuerte”; “soy la corredora más veloz y la que puede saltar más alto”; “puedo cantar las canciones más bonitas”.
Una autoestima alta significa que el niño es seguro de sí mismo, consciente de sus habilidades y limitaciones, se aprecia, se sabe único y en general se siente querido, respetado y valioso. Estas características le dan la oportunidad de desarrollarse adecuadamente en el área social, académica, deportiva y familiar, pues al confiar en si mismo tiene la posibilidad de aprovechar sus habilidades y capacidades. Por ello fomentar en el niño su seguridad emocional, su sentido de valía y en general su autoestima durante el periodo preescolar y recibir el influjo de las experiencias de éxito y fracaso, del niño, así como de las interacciones de los progenitores es vital para su crecimiento psicológico y social.